Paso 1: Ve poco a poco

Si es tu primer par, no tengas prisa. Tus pies llevan años adaptándose a zapatos convencionales, así que esto es un cambio. Empieza con periodos cortos, alrededor de una hora al día, y aumenta poco a poco en los días siguientes. Limítate a movimientos suaves y cotidianos al principio. Nada de caminatas largas ni de forzar. La idea es introducirlos, no exprimirlos.

Paso 2: Escucha a tu cuerpo

Es normal notar algo de incomodidad al principio. Más movimiento, más activación muscular, nuevas sensaciones. Forma parte del proceso. Pero el dolor agudo o persistente no lo es. Si algo no se siente bien, baja el ritmo. Esto funciona mejor cuando le das tiempo a tu cuerpo para adaptarse.

Paso 3: Sigue avanzando

La constancia es más importante que la intensidad. Evita hacer el cambio de golpe o empezar demasiado pronto con actividades de alto impacto. A medida que avances, acompaña el proceso con hábitos simples como la movilidad del pie, mover los dedos y estirar suavemente gemelos y piernas. Con el tiempo, tus pies se irán fortaleciendo y todo empezará a sentirse natural.

Cómo cuidar tus zapatos.

Evita la lavadora y déjalos respirar después de usarlos.

Límpialos con un paño húmedo y utiliza productos específicos para el cuidado de la piel.

En los modelos veganos de microfibra, basta con limpiarlos suavemente con un paño húmedo y evitar productos agresivos.

Si quieres alargar su vida, puedes aplicar un spray impermeabilizante.

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